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ROTOS PARA DESCOSIDOS

Leticia Chaurand

Leticia Chaurand

Estudió filosofía en la Universidad Veracruzana, con estancia académica en el seminario de semántica filosófica, del Consejo Superior de la Investigación Científica de Madrid. Ha sido profesora de Lógica, Historia de la filosofía, Ética y Filosofía en México; y charlas sobre filosofía del lenguaje y filosofía de las matemáticas, en las Universidades Iberoamericana e Intercontinental.

Más adelante, sus intereses se orientaron al análisis existencial, y estudió logoterapia. Dio cursos sobre el sentido del trabajo y sobre las dinámicas de relación; y en filosofía, sobre las ideas que forjaron la forma de vida occidental, sobre filosofía de la existencia y sobre el sentido del ser femenino, en la librería El Péndulo.

El que hambre tiene, en pan piensa

Iba manejando con bastante concentración: el celular guardado y el radio apagado, desprovista de rímmeles y sándwiches; dos manos al volante y la mirada al frente. Vi entonces una placa con las letras MEN, y no la tomé en cuenta, hasta que vi a su lado otra, con las letras PAN. Me hizo gracia. “El que hombre tiene en pan piensa” pensé, y advertí que acababa de cometer un acto fallido (à la Freud), incluso sin hablar, un equívoco de puros pensamientos, aunque no de pensamientos puros. Recordé entonces que ese dicho tiene, en efecto, una connotación sexual, donde son las ganas las que generan los pensamientos equívocos. Pero yo estaba ocupada en el devenir vehicular.

Luego vi otra placa con las letras MMM y tuve una leve sensación de extrañeza que se volvió una extrañeza agravada cuando, un par de minutos después, vi otra que con las letras SEX. Juré que no tenía hambre, pero justo la del coche de al lado decía NOW. Me alejé divertida cuando comprobé que estaba a salvo, que el mundo parecía circular con el desorden de siempre, hasta que leí otra placa con las letras SII, y al perderla de vista me pregunté, en automático, si tendría al final un signo de admiración que no advertí, sabiendo que así no van las placas.

Sonreí entonces al advertir el curioso proceder de los pensamientos, solo que, cuando vi la placa que decía AHI, dejé de sonreír advirtiendo el aún más curioso proceder de los acontecimientos.

Un tanto inquieta por ese AHI sin acento en la I, tomé un tramo de carretera. Leí entonces una nueva placa con las letras MAS y en seguida un letrero que decía NO SE DETENGA. Ahí sí me dieron ganas, y de detenerme, porque esto era demasiado. Una vez detenida, miré a todos lados como buscando alguna explicación, o, a falta de ella, algún otro conductor extrañado, como cómplice.


La concentración inicial la había perdido por completo cuando vi una siguiente placa con XXX, pero ya estaba frente a un letrero que decía PROHIBIDO.

UUY… No sé ni cómo llegué a esa cerrada. Al ver que estaba saliendo en sentido contrario pensé “ONE WAY ?” para responderme de inmediato “YES”. Sin previo respiro vi entonces dos placas: una decía MUY y otra MAL. Realmente empecé a preocuparme porque nunca he creído que el universo mande mensajes comprensibles y mucho menos escritos en placas.


Fue entonces cuando choqué… NOO !! Pero claro, aquello era efecto de pensamientos tan desconcentrados. Creí que era el FIN de los mensajes cuando me encontré con esa placa que decía FOU. No hizo falta teléfono ni maquillaje para distraerme, solo unas cuantas placas sin sentido.


Después de los arreglos por el choque, dejé de tener el hambre que ni tenía. Llegando, pasé junto a un coche cuya placa decía HAZ, y me estacioné atrás de otro que decía PIS. Tuve que entrar corriendo.

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«Sostengo que el deber más alto entre dos personas que tienen un vínculo, es que cada uno cuide la soledad del otro.» — R M Rilke

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