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EL TOPO

José Antonio García Gallegos

José Antonio García Gallegos

José Antonio García Gallegos, Antropólogo Social, Universidad Iberoamericana, México. Asesor Legislativo, con experiencia en ambas Cámaras del Congreso de la Unión.

 

Correo: joso_mx11@yahoo.com.mx

Twitter: @josomx11

Feminicidios, las marcas de la violencia

En mi colaboración anterior no alcancé a abordar lo relativo a la violencia doméstica que sobresale en cientos o miles de hogares del país y me comprometí a hacerlo en esta oportunidad. No quiero dejarlo pendiente pese a los nuevos tópicos que van surgiendo en la agenda pública de nuestros días, tal como la aprobación en el Senado de la Ley general para la regulación del cannabis, que, entre otros importantes aspectos, amplía y facilita la cantidad y el acceso al consumo personal de esta planta.

Entrando al tema, hace varios meses se negó, desde el Gobierno federal, que hubiese violencia en casa y que, al contrario, había fraternidad en la familia mexicana. Textualmente se dijo: ¿Maltrato al interior de las familias? No, no, al contrario… se decía que iba a haber violencia intrafamiliar y no la hubo.

Asimismo, se ha aseverado que una de las cosas buenas que ha habido durante el confinamiento por la pandemia en los hogares mexicanos, es un reencuentro familiar y que tal acontecimiento lo celebra la gente. Ojalá que sea cierto, me alegro por ello y espero esté siendo una realidad para muchos compatriotas.

No obstante, en otros miles de casas no ha ocurrido lo anterior. Al contrario, prevalece el abuso y la violencia física, sexual, verbal, emocional y económica; el atropello, el insulto y la manipulación en diversas formas, sobre todo a las mujeres y las niñas, pero también hacia los adultos mayores y a población vulnerable, se han convertido en una perversa y mórbida dinámica cotidiana, que contraviene y confronta a ciertas expectativas y narrativas que pretenden negarlas o evadirlas.

En lo que va del presente año (enero a octubre) se han registrado 184 mil 462 denuncias por violencia familiar, es decir, alrededor de ¡600 denuncias por día! Las cifras oficiales también evidencian el incremento de la violencia doméstica durante el confinamiento:  mientras que en el mes de enero se registraron 15 mil 851 denuncias, en octubre fueron 20 mil 590.

Ahora bien, imaginémonos cuántas personas (adultos mayores, mujeres, niñas, niños, adolescentes, discapacitados, etc.) no acuden a denunciar por temor a represalias de diversa índole vinculadas a dependencia económica, psicológica o legal, o por factores como desconocimiento de procedimientos legales, impedimentos culturales (como el caso de indígenas monolingües en medios urbanos) o estereotipos ideológicos tales como considerar que el victimario (a) o depredador (a) cambie sus comportamientos o conductas, o de que el tiempo acomode las cosas o porque es tu cruz, hija, aguántalo.

La ONU/Mujeres ha sostenido que la violencia doméstica en el mundo es de tal gravedad, que la ha llamado la pandemia en la sombra, la cual, como se ha mostrado, también ensombrece gravemente a nuestro país; creo que la erradicación de la violencia doméstica es de tal magnitud como el llamado combate a la corrupción que lleva a cabo el gobierno actual. Soy de los que consideran que requerimos, en este ámbito como en otros, de una verdadera revolución cultural.

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