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Guillermo Fabela Quiñones

Guillermo Fabela Quiñones

Guillermo Fabela Quiñones, Periodista, analista político y escritor de larga trayectoria. fue subdirector editorial de El Universal durante diez años, ha colaborado en diarios y revistas de México y América Latina.

Correo: guillermo.favela@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23

 

Principio de “fraternidad universal” por delante

Si de por sí es ominoso el futuro inmediato, el desempeño de los jefes de Estado y de Gobierno de los países integrantes del Grupo Veinte (G 20), en su reunión anual que se acaba de realizar virtualmente, se confirma el férreo compromiso que se tiene con los organismos financieros globales que controlan la economía del mundo occidental. Lo dicho en su mensaje por el Presidente López Obrador, no deja dudas: “Espero que seamos capaces de dejar en la historia un ejemplo de cómo hacer frente a una amenaza sanitaria mundial y a una grave crisis económica, mediante el principio de fraternidad universal”.

Cabe preguntar si alguna vez ha existido tal principio para abordar el tema con un sentido racional. Un somero repaso a las páginas esenciales de la Historia Universal nos demuestra que se trata de una materia absolutamente ajena a la realidad de la humanidad en todas las épocas. Es la mayor utopía jamás imaginada, y como tal debe ser descartada de un debate serio sobre los gravísimos problemas actuales.

Tal modo de ejercer el compromiso que se echó a cuestas el mandatario, nos asegura que la Cuarta Transformación se quedará en un solo objetivo: El combate a la corrupción. Lo que asombra, y al mismo tiempo confirma la ceguera de los ultras del espectro político, es que aún no lo entiendan: El presidente López Obrador está entrampado en sus contradicciones y en sus prioridades no se contempla superarlas. Son parte de su modo pragmático de ejercer el poder.

Está claro que su compromiso es con las élites del gran capital financiero global, las cuales tenían (y tienen) muy claro que serían más afectadas de continuar en el poder el binomio PRI-PAN de corte salinista, que dar oportunidad a quien como el actual Presidente tenía una destacada trayectoria como líder social con carisma y popularidad entre las masas. No fallaron en su apuesta. El problema a resolver ahora es cómo enfrentar la crisis política que sobrevendrá el año venidero, debido al desgaste tan rápido del Mandatario, impulsado por el pésimo manejo de la pandemia.

Así como es inocua su demanda en la reunión del G-20, de una quita en el monto del endeudamiento de las economías emergentes y reducir el pago del servicio por dicho débito, también lo es suponer que Covid-19 se podrá superar en México dejando al pueblo que se responsabilice de cuidarse a sí mismo. Está demostrado que eso es una utopía más en una sociedad con un ancestral atraso sociocultural de la magnitud que se vive en nuestro país. Su sentencia de que “está prohibido prohibir” es equivalente a dejar la puerta abierta a la anarquía y el paso siguiente no podría ser otro que el extremo opuesto: Un estado neonazi donde no tendría cabida la demagogia.

El Nuevo Orden Mundial es evidente en este fin de año, caracterizado por la emergencia global que confluye en todos los ámbitos de la vida económica, social y política de los pueblos. La década que se inició este 2020 será decisiva para definir el rumbo geopolítico del planeta, hecho que no veremos muchos de los nacidos al inicio de la segunda mitad del siglo pasado, luego de la poda a la humanidad por la pandemia cuyo fin es imposible predecir con exactitud.

La visión de los estrategas del G-20 y de los organismos financieros globales tenía muy clara la urgencia de frenar la magna corrupción desbocada del salinismo, pues sus consecuencias estaban afectando sus ganancias al tener que compartirlas con la cúpula salinista. Por otro lado, la presión social de un pueblo largamente humillado y empobrecido se había convertido en una bomba de tiempo que amenazaba estallar. Poder evitarlo sólo sería posible con un político sin compromisos con esa banda delincuencial de “cuello blanco”.

El Presidente López Obrador ya cumplió su parte. Ahora la pregunta que nos debemos hacer es hasta cuándo se podrá mantener una gobernabilidad aceptable sin tener que definir, con hechos concretos, el rumbo de su gobierno.  ¿Hasta cuándo y cómo hacerlo?

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